Ikea y Ké

El otro día, estuve con Manu de excursión a esa tienda que promociona la república independiente como hábitat natural.

Ikea, ese gran invento sueco de muebles de durabilidad media y chuminadas varias de poco peso que van cayendo al saco amarillo.

El viaje fue toda una odisea… Tras comprobar que el listado de horarios salido de la máquina de información de la estación de autobuses casi medía más que yo, nos subimos en un bonito bus no sin antes preguntar al conductor y/o chófer en qué parada teníamos que bajar. “la séptima contando ésta”; la mente pensante que es Manu llegó al a conclusión que realmente era la sexta puesto que ya estábamos en la primera de las 7. Buena deducción.

Carretera y abanico.

Caminito del ikea más felices que Marisol en sus películas contábamos las paradas y cuando creíamos que estábamos en la nuestras nos dice el conductor y/o chofer “que nos hemos pasado, que él no ha parado en todas las paradas”.

Nos bajamos en Castilleja de la Cuesta en la susodicha cuesta y una farmacéutica informó a Manu que precisamente cerca no estábamos de nuestro destino. Había que andar… andar… andar… a las 16’30 de la tarde, en un pueblo de Sevilla, en Verano y si saber muy bien el camino. Bajamos la cuesta, giramos, bajamos, y de Castilleja, lo único que puedo decir es que “qué bonito su polígono industrial, su polvo, sus hierbajos y su sol”. Por fin llegamos a nuestro destino, no era un oasis en pleno polígono.. era nuestro adorado Ikea nuestro “llévate esta chuminada que son 2 euros” y paseamos por su recorrido… que si unas toallitas húmedas ¿pa qué? Qué si unas zapatillas de ducha ¿pa qué? Que si un molde de silicona para cubitos ¿pa qué? que si marcos para fotos ¿pa qué? Total.. si yo sólo iba a por unas cajas de esas almacena todo. Pero compramos y regresamos a nuestros hogares tras llenar el estómago con la rica tarta DAM (o algo así) y un cafecito.

 El viaje de regreso fue mejor porque una agradable ikeariana nos indicó el trayecto que ella hacía y nos convenció. Gracia ikeariana por mostrarnos que otra realidad ajena al polígono industrial de Castilleja es posible.

Ahora ya estoy pensando que nueva chuminada me hace falta… para volver (eso sí) siguiendo las nuevas indicaciones viajeras.

Pero lo importante fue la tarde agradable y la visita al supermecado de la tienda con tanto producto sueco al alcance de la mano… que si patatas fritas.. gominolas variadas.. arenque al ajo ¿pa qué?… galletitas con letras que forman la palabra ikea y no me llevé la tarta Dam esa porque era congelada y aú no sabíamos muy bien el camino de regreso.

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2 comentarios to “Ikea y Ké”

  1. carmncitta Says:

    jajajaja a mi me encanta IKEA y todos los mueblecillos que tengo de allí todavía me duran así que no tengo queja. Y ahora que me he ido de casa, las chuminadas de dos euros me han venido genial…es que por qué gastar más cuando puedes tener lo mismo por menos?

  2. acoolgirl Says:

    El supermercado del Ikea es la perdiciónnn!!

    Jajajaa!! Yo he andado desde Castilleja al Ikea… pero era diciembre!! Es que desde el hotel se veía cerquilla y, como me aburría, dije… pues me voy a dar una vuelta al centro comercial… Llegué hecha polvo!! jajajaa!!!

    Un besitooo

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